El Lenguaraz - 2026 De cara al bicentenario de Bahía Blanca: “Aquellos gauchos y mujeres, badilleros o bahieros, de la primer centuria” – Año I– Mayo– N° 2.
“Primeros gauchos, mujeres y cautivos en la bahía Blanca”
Encaminados ya, con miras al Bicentenario de nuestra ciudad y con la tarea de rescatar y resignificar “Aquellos gauchos y mujeres, badilleros o bahieros, de la primer centuria”, daremos comienzo al origen y trascendencia de los mismos. Con motivo del primero de ellos, en una oportunidad me preguntaron si ¿el guacho aún existía? y, en otra, si ¿había gente gaucha en Bahía Blanca? Ante ambas interrogantes, y desde un punto de vista personal, mi respuesta fue afirmativa, basadas éstas en razón de vivencias signadas desde mi infancia por un entorno familiar, el de mi padre y un tío, quienes fueron cultores de nuestras tradiciones gauchas, y, si bien no fui su mejor alumno, el ser consciente de aquel legado, reforzar el mismo a través de la investigación y análisis. De aquí que, a mi entender, aquellas preguntas se formularon desconociendo la realidad histórica y socio-cultural del tema. La primera, entendible, de quien la mentalidad política y literatura gauchesca, de fines del siglo XIX, han logrado repercutir con lo de la “muerte del gaucho”, sin llegar a comprender que lo gaucho es una forma de vida y que la misma encierra una cultura, que no comienza y termina con lo anterior, sino que perdura a pesar de los cambios y que si bien, en parte, lo fue aquello, en la actualidad nuestro hombre rural conserva los principios de su esencia sujetos a los nuevos tiempos. La segunda… bueno, fue propuesta por quien considera que lo gaucho solo reside en localidades próximas a la ciudad de Buenos Aires, subestimando la presencia histórica de aquel en zonas más alejadas, como la del suroeste bonaerense, en donde acontecimientos como la gesta del “7 de marzo de 1827” en Carmen de Patagones, ya evidencian la residencia del gaucho en nuestra región y que así lo testimoniará Alcides D’Orbigny, en su “Voyage dans l’Amerique Méridionale”, al visitar el poblado en 1829.
En cuanto a nuestra Bahía Blanca, los primeros indicios del gaucho serán como consecuencia del arribo de la expedición del Ing. Narciso Parchappe, en su “Viaje a Bahía Blanca” (capítulo incluido por D’Orbigny)[1], al que se deben añadir también el de las primeras mujeres y cautivos. Al momento de su partida de Tandil, el 12 de marzo de 1828, detalla que a su comitiva se le incorporan, entre otros, “[…] diez mujeres, un baqueano o guía, acompañado de seis hombres […]. El baqueano que nos conducía estaba, con ese carácter, a sueldo del gobierno: lo acompañaban algunos holgazanes que […], abandonaron alegremente sus lugares de residencia, para desafiar las incomodidades y privaciones de la vida errante. Esos aventureros pertenecían a la clase de hombres que en el país reciben el nombre de gauchos, gente vagabunda sin domicilio, que vive de lo común, dividiendo su vida entre el juego y las tabernas y no alquilando sus servicios sino en el último extremo; verdadero tipo de las costumbres agrestes y de carácter independiente de los habitantes de provincias donde domina la vida pastoril.” (Parchappe, 1945: 593 y siguiente). Una vez instalada la expedición en inmediaciones del arroyo Napostá, desde el 21 de marzo, Parchappe observa, días después, el 1° de abril, que hacen lo mismo unos pueblos originarios lugareños, encontrándose entre ellos varios cautivos: “[…] La noticia de nuestra llegada a esos alrededores se difundió pronto entre las tribus errantes de las inmediaciones; por eso vimos acampar a mucha de ellas sucesivamente arriba y debajo de nosotros, a orillas del Napostá. Esos indios poseían numerosos niños y mujeres de raza blanca, cautivos provenientes de invasiones anteriores al territorio de los cristianos […]” (Parchappe, 1945: 606).
He de aquí que, desde entonces, la presencia de aquellos se hará cada vez más notoria en la historia bahiense y que, junto a testimonios posteriores, permitirán certificar y evidenciar su localismo.
¡hasta el próximo encuentro!!
[1]Parchappe, Narciso (1945): “Viaje a Bahía Blanca”, D´Orbigny Alcides, Viaje a la América Meridional, Cap. XVI – Tomo II, Buenos Aires, Ed. Futuro, pp. 583 – 638.