El lenguaraz: El ‘payador’, el ‘improvisador’ y el ‘compositor’

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Domingo F. Sarmiento, en “Facundo”, refiriéndose al ‘payador’, nos dice: “Entre las canciones que llegaron por el Río de la Plata, algunas levemente acriolladas, otras modificadas hasta parecer nuevas, aparece el Payador, lo más artístico de la tradición cantada. El gaucho cantor es el bardo, el vate, el trovador de la Eda Media, que se mueve en la misma escena, entre las luchas de las ciudades y el feudalismo de los campos. El cantor no tiene residencia fija. Su fortuna en sus versos y en su voz. El gaucho argentino no bebe, si la música no le excita y cada pulpería tiene su guitarra para ponerlas en las manos del cantor”.

De aquí que, ‘payador’, será aquel que tiene la capacidad de ‘improvisar coplas en controversia con otro cantor’, el coplero y cantor popular y errante, que no sólo se lo conoció en nuestro país sino que en todo América del Sur que, de acuerdo a lo expresado por Ventura R. Lynch en “La Provincia de Buenos Aires hasta la definición de la cuestión Capital de la República”, es aquel improvisador que empieza a figurar desde 1778, recorriendo, de un extremo a otro, el Virreinato del Río de la Plata, siendo común encontrarlo payando en un rancho, otras bajo el ombú y las más de las veces en las pulperías, y que, llegando a adquirir alguno de ellos gran fama, abandonaban sus obligaciones para entregarse por completo al arte de payar.

Sin embargo, Mario López Osornio distingue, además del ‘payador’, otras dos formas de expresión artística: el ‘improvisador’ y el ‘compositor’. De ambos nos refiere: “Se entiende por ‘improvisador’, al ser capacitado para expresarse versificando espontáneamente. Los improvisadores, si bien tenían imaginación abundante e inspiración propia para salir airosos en cualquier situación imprevista, lo vulgar era que usaran de una curiosa fraseología poética adquirida de exprofeso, es decir, que dijesen de memoria una infinidad de versos o encabezamientos construidos de antemano, que aplicaban en el momento que creyesen oportunos a su tema o a la exigencia de una consonante.

El ‘improvisador’, en realidad, era una especie de orador versificante y su poesía se reducía a exaltar figuras políticas, saludos de cumpleaños, casamientos, etc., cuyos temas se le proponían en el acto de versificarlo.

Al margen de estas dos expresiones artísticas, el ‘improvisador’ y el ‘payador’, existió en la pampa otro sujeto que llegó a denominárselo ‘compositor’, no de música, sino de poesías efectuadas por encargo. Es decir que, ésta nueva calidad de escritor poético debía necesariamente tener material indispensable para composiciones, ya fuera sugerido por una persona o captado en las impresiones percibidas por su propio auditorio, carecía por lo tanto de la originalidad de los anteriores”.

 

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